jueves, 9 de diciembre de 2010

Evocaciones...


El vocablo me persigue en distancias montañosas.
Un día cuando era niña, me tragué un diente y mi madre me sentó en un orinal, hasta que el suspenso se extendió por toda la habitación y mamá salió corriendo  a mostrar su tesoro a una visita...
Un día cuando era niña, estaba con paperas en la cama y el verano en la ventana. Un gitanillo me despertó con sus cantos de fiebre y palmadas. Salté de la cama, le pedí un duro a mamá y salí a comprarle un chocolatín al gitanillo sanador.
Un día cuando era niña, mi papá se fue a América. Era una noche helada, papá en el pasillo con abrigo, su bufanda, maleta en mano, su nariz fría con voz apagada, casi en silencio nos dijo: “No le digáis a nadie que papá se fue a América. Cuando os pregunten decís que papá está en Pontevedra…”
Y el misterio es muy sabroso... Pero se pierde frescura, teniendo un padre huyendo de una cacería de rojos come niños.

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