Hoy mi piel está quebrada, abierta
a cielo raso, al paso de los instantes de aquel día imaginario, ese donde
abrimos los paraguas de soltura para guarecernos de nosotros mismos, porque hay
momentos que nos hemos perdido, mirando entre paredes espesas, espejos sin sombra, cielos revueltos… Verte partido, de dos en dos, verte en partes, en
pedacitos de cartón, en rompecabezas de mármol componiéndose, alejado por el viento del sur, y tu piel rota
se queda en la cascada de rocas filosas, mientras busco adormecer tu dolor
ingrato entre mis pezones de niña.
miércoles, 25 de julio de 2012
domingo, 22 de julio de 2012
batallas
| parque de los pueblos de Europa, Gernika |
Los cuentos de mi padre
Guerra civil contada desde sus pliegues
una y otra vez se descolgaba del perchero
abría la puerta a su fantasía
narrativa
transformaba el mismo cuento
versiones divertidas, de misterio
Soledad en la batalla
Niños en adultos al frente
eso no es nuevo…
se repite en cada historia
Guerras entre hermanos
Suicidas historias de guerras
guerras suicidas de historias
de sueños
de niños
de familias desaparecidas en
paredes sin fondo
Mi padre sazonaba sus batallas
con humor y desgracia…
sábado, 21 de julio de 2012
viernes, 20 de julio de 2012
martes, 17 de julio de 2012
océano de cuarzos
| costa bizkaia, cerca de kobaron |
Resbalo en las fuentes de cordeles
Me agarro a los aires sigilosos
que se me escapan entre los
cabellos
Fuentes de luz que se deslizan por
la nuca
entran, penetran profundo
recorren autopistas blindadas de piel
se expanden por todos los poros
Dermis acuática que sumerge el
instinto
Epidermis térmica que aguanta y
resiste
Y sigue avanzando…
hasta el océano de cuarzos
donde nadamos con la corriente a
tus pies
Esas plantas duras que movilizan
las frecuencias
Las densidades se desploman en
circunferencias astrales
Por hoy te salvas del abismo.
domingo, 15 de julio de 2012
sábado, 14 de julio de 2012
bosque extremo
Rocas de arena que se desvanecen
en tus manos de roble
Minúsculos peñascos que se
desmoronan
Besos callados de labios cerrados
al olvido
Calles desérticas de asfalto
quemado
Miro y remiro por el balcón del
recuerdo
Y no te encuentro
Se perdió la marca del follaje
Los ojos no alcanzan el verde
Mi barbilla reposa escondida
en el borde oscuro de la nube baja
Mis dedos se alargan para tocar
las esquinitas del labio superior
Y quedo en el inferior traspié
de la colmena forrada
algodón color marfil
Solo queda una
Una abeja amarilla con destellos
azules
se cuela en la mirada
Da vueltas al azar con su música a
cuestas
Por fin se posa en mi mano
izquierda
Pincha con suavidad
Su guijón despierta los sentidos
dormidos
Suspiro y canto
jueves, 12 de julio de 2012
shiiiiiiii
![]() |
| abierta al universo |
Sáhara bendito
Ser naranja
Paz dorada
Siento amor de desierto
Gran Duna
divisa y protege
Merzouga silenciosa
puerta del caminante
Llegar a ti es un misterio
estar en ti mi alegría
Shiiiiiiiiiiiiiiii... noches sin sueño
días sin fin...
Abierta siempre al Universo
Respirar siempre tú luz
martes, 10 de julio de 2012
sorprende
| cetrería |
Duendes que se esconden debajo de
las alfombras
Miradas cautivas
de aquellos lejanos siglos
Búho festejando al vuelo
Inimaginable paisaje de terciopelo rasgado
Puerto de tu cabello enredado
Nudos sin descifrar a tantas horas
de la noche.
Madrugada de grillos, esos que
bailan en la hierba
pisar sin hacer daño, sin
palabras, sin colores, sin señales de vida.
Sigue el picor de las
hormigas que trasladan su hábitat
almuerzo suculento entre las patas
adornadas de azulejos
brotan en cada minúsculo paso
que se desdibuja en el oceánico
mundo en blanco y negro
Y quieres color, prisma gratuito
Aves sutiles esperando su presa
al vuelo infinito de los aires
amarrados a las nubes
transportan el vigor de sus
acechos
Aparece el cristal blindado del
universo
entre la selva repleta de verdes
confunden a los ojos más hábiles
Zas
Implacable agarre certero del
águila
cualquiera de esas atrevidas
audaces aves que circundan tu vida,
tus aires, tu vientre encarnado.
sola soleada
| desde mi ventana |
La soledad
imprescindible
Crece contigo
Para hacerte
una con ella
Para
encontrarte en los mares de emociones
Para
aceptarte con todas tus miserias
Con todo el
amor que sorprende
en el pecho, en los poros de tu piel
Necesaria y
dolorosa
Soledad
indispensable
que te habla,
que te escucha,
te traduce,
te señala caminos de piedras
de roces, de
flores, de mares, de sombras
Soledad amada
de tristezas, de dolor
Soledad amada
de sonrisas, de alegría, de furor
Fortaleza de
los Dioses y las Diosas
Fuerza
irrevocable que traspasa las puertas de vivir
en un cuerpo de sonrisas
miércoles, 4 de julio de 2012
sábado, 30 de junio de 2012
turquesa
Una cueva turquesa, toda turquesa,
paredes, suelos y techos preciosos, y yo
alucinaba… Apareció ella, una mujer de cabellos blancos resplandecientes, muy
largos muy bien peinados, bella, bellísima, serenísima, proyectando su gran
paz, me habló, me arrulló con su voz: “Ese no es, ámalo pero recuerda que ese
no es, todavía no, pero vendrá y tienes que creértelo siempre porque te está
esperando. “
De pronto aparecí fuera de la
cueva turquesa, me encontré en un camino de tierra con muchos recovecos y
bifurcaciones, no sabía cuál tomar, no sabía qué hacer, todo era confuso.
Entonces escuché un silbido, como esos que haces para llamar a tu perro, y
decidí seguir el camino del sonido, del silbido… A menos de 400 metros comencé
a escuchar los ladridos de un gran perro, que llegó rápidamente a mí como si me
estuviera buscando. Comenzó a saltar contento a mi alrededor, moviendo su cola con gracia. Los sonidos del
silbido seguían… Grité: - ¡Por aquí!
¡Aquí está su perro!- . Y
apareció él, un hombre muy alto, muy fuerte, con unos ojos azules como el cielo
cuando el sol nos alumbra con suavidad mañanera… unos ojos turquesa… Así fue mi
estancia en el Gran Cañón:
Muy grande, muy fuerte. El
turquesa inundaba mi vida, mi corazón y todo mi ser.
miércoles, 27 de junio de 2012
gracias
| mar cantábrico |
Paz bendita que llena con cantos
de soles
Violín angélico que penetra mi piel
Mente en calma como la mar
Azul intenso del ser
Amor en arcoiris
Brilla latente
Proyecta luz del sol bendito
Muestra tu fuerza y poder
Este día primero de verano en mi
pueblo, en mi Villa, en la mar
Arenas volátiles
Pudor de las miradas de amor que
me conmueven
Gracias hombre!
sábado, 23 de junio de 2012
Cantos
Canto al aroma del café recién colado
en la mañanita
Canto al olor de la canela cociendo en el arroz con leche
Al jazmín cerca del mar
Al nardo en la ventana
Canto al pasticho que se escapa con olores en el horno encendido
derritiendo los cuatro quesos …
derritiendo los cuatro quesos …
Canto y canto y seguiré cantando a
todo lo que cruza mi existencia
Canto a los hermanos que son miles de millones
Sonrisas regaladas en el tiempo
Sonrisas regaladas en el tiempo
Porque los amo a todos sin
excepción
No me importa si me aceptan, si me miran, si me engañan
Solo quiero seguir sintiendo el amor
en todos mis átomos
En los ojos que me
miran
En las sonrisas que atesoro
Seres que me tocaron que me
tocan y seguirán tocando
vibrando conmigo.
vibrando conmigo.
Canto a Whitman, a Shakespeare, a García Lorca
a Machado
a la Calcaño
a Gabriel
García Márquez
García Márquez
Benedetti
Neruda
Canto y canto a millones
Canto y canto a millones
Canto y danzo entre poemas y sonrisas
Hasta el nuevo amanecer en la otra
orilla.
viernes, 22 de junio de 2012
miércoles, 20 de junio de 2012
veranito
| Solsticio de verano en Muskiz |
Tengo que amansar mis impulsos
Esos que no me llevan a ninguna
parte interesante
Ego latente
que ciega, ahoga, embrutece los
sentidos
oscurece el alma
agobia el alma…
Entonces
lo dejo volar
salir
tomar aire…
perderse entre la maleza de las
selvas
mezclarse con las fieras
las salamandras
las pirañas de río
los ogros del bosque
el fuego transmutador
para saciar, calmar su sed
escándalos
agobios
arrecheras
vulgaridad
…Luego
regresa mansito
regresa mansito
a mi cuerpo de aromas
donde lo espero con gracia
soberana
almizcle debajo de la piel.
martes, 19 de junio de 2012
El cuento de Sahamir el cojo
| Desierto Erg Chebbi |
Nació en la nada
En el desierto del Sáhara en una
haima perdida en la inmensidad de la arena.
Hijo de nómadas tuaregs, criadores
de cabras en el Sáhara occidental, al sur de Marruecos, pastores anónimos
nacidos en las hirvientes arenas.
Su madre Zahora siempre lo tuvo en
sus brazos, amarrado a ella desde que nació.
Una de sus dos piernitas era
mucho más corta que la otra, esto lo hacía diferente a sus otros hijos, a todos
los niños de la pequeña aldea, en el lejano desierto Erg Chebbi.
Un día cuando el niño Sahamir ya
correteaba como ninguno por las dunas, bajaba y subía con destreza y agilidad
inimaginable para los demás, su madre Zahora se lo llevo en brazos al mercado
de Rissani, ciudad a unos 40 kms del desierto. La madre lo sentó en un pequeño montículo
de tierra, mientras ella seleccionaba cuidadosamente los granos y especias que
iba a comprar. No pasaron ni cuatro minutos cuando Zahora se percató que su hijo
Sahamir no estaba donde ella lo dejó sentado. Como loca buscó y gritó su nombre
por todo el mercado, abarrotado de gentes, cajas, mercancías, animales, sudores,
olores y mitos. Abatida lloraba en todas las esquinas, preguntando y gritando. Llegó desfallecida a su desierto, con las manos vacías, con su pecho vacio…
Nadie creía la historia, todos comentaban esa noche reunidos como siempre alrededor
del fuego tomando té, que Zahora había
regalado al “cojo”. Así lo habían bautizado entre ellos.
| amanecer en la gran Duna |
El niño Sahamir fue robado
por una mujer mayor que no tenía hijos. Criado en buenas escuelas en la
ciudad de Fez, aprendió muchos idiomas, estudió en la Universidad de Meknes y
siempre fue el primero de su clase, a pesar de que siempre para todos fue: “el
Cojo del desierto”.
Sahamir pasaba días enteros,
encerrado en su habitación con sus libros o marchaba a las afueras de la ciudad, buscando la
calma, siempre en silencio, sin pronunciar palabra. Ahora en la Universidad y
en el barrio lo llamaban “el Cojo loco”.
Sucedió que su madre, la mujer que lo robó, ya
era muy anciana y enferma. Él la cuidaba día y noche con mucho cariño y
dedicación, hasta que su Dios le dio
descanso. Luego de la fiesta de los muertos, Sahamir vendió la casa y se fue a
sus orígenes, a las arenas del Sáhara. Se adentró muy lejos de toda
civilización, clavó cinco estacas en las arenas, las cubrió con piel de camello y se quedó en su haima en silencio muchos
meses, solo con su camello Say, sus pocas pertenencias y la infinitud de las
arenas.
Cuentan, que todos los días Sahamir caminaba muchos kilómetros por el desierto. Recogía fósiles, piedras y todo lo que se iba encontrando en las arenas. Así poco a poco fue juntando y construyendo su casa. Una construcción muy extraña y llamativa en medio de la nada. Todos los beduinos que por allí pasaban eran bien recibidos, les brindaba té y alimentaba a sus camellos, les permitía dormir y descansar sin nada a cambio. Así se fue forjando la leyenda del “Cojo de las arenas”.
Sahamir siguió construyendo su palacio-mezquita todos los días, todas las noches, no paraba, siempre aparecían piedras y fósiles en su entorno, siempre aparecían hombres bereberes que lo veían como “el Cojo de Alá”, pues para todos tenía una sonrisa, un pocillo de agua, un té caliente, cobijo en su hogar de piedra y arena.
| camino al oasis |
Un día apareció un hombre llamado
Hassan, le dijo que era su padre. Le contó que su madre había muerto llorando
todos los días desde su desaparición. Le contó que sus hermanos eran muy pobres. Le dijo que esa gran construcción podía ser un Hotel
para los turistas que visitaban el desierto. Según él, tenía muchos amigos
extranjeros que podían visitarlos y pagar por estar allí, pasearlos a camello
por las dunas y enseñarles los misterios de Sáhara.
Sahamir solo asentó con su cabeza
y de la noche a la mañana, el Hotel del Cojo fue el más famoso del
desierto del Sáhara occidental. Toda la familia se instaló y comenzaron hacer
negocios con las caravanas de turistas que visitaban la zona. Los hermanos y su
padre atendían a los turistas y autóctonos que llegaban de todas partes. Unos
limpiaban, otros cocinaban, paseaban en los camellos a los turistas para ver el
amanecer y el atardecer mágico del desierto.
Sahamir atendía a los enfermos de artritis cuando llegaban los meses de insoportable calor, después del Ramadán. Los curaba con las terapias de las arenas. Estas consistían en enterrar al enfermo de los huesos, por cinco minutos en las arenas calientes, las temperaturas elevadas eran muy peligrosas pero muy sanadoras para las dolencias de los huesos. Después los desenterraba, les daba un baño fresco, los envolvía en mantas y les ofrecía té. Así se fue haciendo inmensamente reconocido y rico, pues la fama del Cojo de las arenas sanadoras, se extendió por todo el continente, por todo el universo. Llegaban turistas, enfermos y curiosos de todas las latitudes, a esa estancia maravillosa creada en el desierto por El Cojo de las arenas.
Sahamir atendía a los enfermos de artritis cuando llegaban los meses de insoportable calor, después del Ramadán. Los curaba con las terapias de las arenas. Estas consistían en enterrar al enfermo de los huesos, por cinco minutos en las arenas calientes, las temperaturas elevadas eran muy peligrosas pero muy sanadoras para las dolencias de los huesos. Después los desenterraba, les daba un baño fresco, los envolvía en mantas y les ofrecía té. Así se fue haciendo inmensamente reconocido y rico, pues la fama del Cojo de las arenas sanadoras, se extendió por todo el continente, por todo el universo. Llegaban turistas, enfermos y curiosos de todas las latitudes, a esa estancia maravillosa creada en el desierto por El Cojo de las arenas.
Ya Sahamir tenía 30 años, no se le
conocía mujer, solo cuidaba a los
enfermos, caminaba por las dunas, siempre en silencio, trabajando en su
grandiosa construcción. Entonces entre su gente comenzaron a llamarlo “el cojo
mariquita”, se reían a sus espaldas y gastaban su dinero en los pueblos
cercanos, en fiestas, bebidas, drogas y mujeres.
Un buen día llegó al Hotel una
mujer sola, muy guapa y segura de sí misma. Dijo ser latina y quería un guía
para adentrarse en los misterios del desierto. Todos los hombres se pusieron a
su disposición para hacerle el recorrido, pero ella solo posó sus ojos en el
callado Sahamir, se acerco a él y le sonrió, él hizo lo mismo y desde ese
momento se volvieron inseparables. Danzaban por las dunas, se iban con sus camellos
a recorrer los oasis. Ella tomaba fotos, él la observaba. Pasaban horas
conversando sobre la vida y la muerte, filosofando, leyendo cuentos, haciendo el amor, empapando su sexo de arena. Luego
regresaban felices, siempre riendo.
Entonces por primera vez, los parientes comenzaron a llamarlo Sahamir el cojo.
Ahora Sahamir conversaba con los suyos, daba algunas órdenes para realizar el trabajo con más rendimiento y economía. Todos culpaban a la mujer guapa, de haberle metido cosas raras en la cabeza. Para ellos era mejor cuando estaba callado trabajando, les dejaba holgazanear y gastar su dinero.
Entonces por primera vez, los parientes comenzaron a llamarlo Sahamir el cojo.
Ahora Sahamir conversaba con los suyos, daba algunas órdenes para realizar el trabajo con más rendimiento y economía. Todos culpaban a la mujer guapa, de haberle metido cosas raras en la cabeza. Para ellos era mejor cuando estaba callado trabajando, les dejaba holgazanear y gastar su dinero.
Una tarde estaban Sahamir y su
mujer contemplando el atardecer desde lo alto de la gran duna, en silencio,
como solían hacer. La mujer le hablo y le dijo: “Sahamir ha llegado el momento
de irme, quiero que vengas conmigo, todo lo que has leído, todo lo que
estudiaste ahora lo vas a conocer, nuevas culturas, nuevos paisajes, vas a saborear
todo con tus sentidos. Vámonos por los caminos del mundo, seremos muy felices
Sahamir, nos amamos y siempre cuidaremos el uno del otro.”
Sahamir bajó la mirada y quedo en
silencio
Ella respetó su silencio y bajaron
de la duna muy de noche, agarrados de la mano.
Al día siguiente, ella le volvió a
insinuar su partida, el guardo silencio de nuevo y se fue solo a caminar por
las arenas. Regresó entrada la noche, ella lo estaba esperando afuera de la
haima, donde siempre hacían el amor viendo las estrellas, contando las fugaces
y los astros.
Sahamir le hablo con lágrimas en
los ojos y le dijo que ella era el amor, su única mujer, pero él tenía que
cuidar de los suyos, tenía que seguir construyendo su Fortaleza. Ella también
lloró y entre sonrisas y llanto le dijo:”Es una pena que no te des cuenta de
esta oportunidad que te brinda el Universo, te deseo lo mejor a ti y los que te
acompañan. Me voy mañana antes del amanecer”
Sahamir quedo en silencio otra
vez. Los parientes hacían lo que les daba la gana, no atendían el hotel. Todo
se fue deteriorando… Las paredes estaban sucias, los turistas se quejaban, los
camellos envejecían, los baños se atascaban y Sahamir se fue alejando,
pensando que algún día su mujer volvería, pero no sucedía y pasaba el tiempo.
Todo se destruía a su alrededor.
Un día Sahamir se fue caminando como siempre lo hacía por las
arenas y no regresó. Sus parientes pensaron que había desaparecido.
Unos jóvenes que
cruzaban el desierto en motos, al llegar al ruinoso Hotel del Cojo y escuchar las historias, alertaron que había
un viejo seco no muy lejos de allí, que lo tocaron y estaba seco como un palo.
Los parientes al día siguiente, después que los jóvenes emprendieron camino,
fueron en su búsqueda y encontraron un tronco seco que estaba clavado en la
arena, cerca de la gran duna. El tronco tenía dos ramas, una pequeña y otra tan grande que se perdía entre las nubes.
No encontraron nunca a Sahamir,
pero cuentan, que el Cojo del desierto se transformó en tronco. La rama
pequeña era su pierna corta y la rama que subía hasta el firmamento era su pierna
larga que andaba buscando por el séptimo cielo a la mujer guapa que se lo quiso
llevar a recorrer otros mundos y él no se atrevió a dejar lo que había
construido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


