domingo, 22 de julio de 2012

batallas

parque de los pueblos de Europa,  Gernika


Los cuentos de mi padre
Guerra civil contada desde sus pliegues
una y otra vez se descolgaba del perchero
abría la puerta a su fantasía narrativa
transformaba el mismo cuento
versiones divertidas, de misterio
Soledad en la batalla
Niños en adultos al frente
eso no es nuevo…
se repite en cada historia
Guerras entre hermanos
Suicidas historias de guerras
guerras suicidas de historias
de sueños
de niños
de familias desaparecidas en paredes sin fondo
Mi  padre sazonaba sus batallas
con  humor y desgracia…


sábado, 21 de julio de 2012

paso...

jardines de Alcázar


Hoy me sabe a flor el recuerdo
Hoy los olores me impregnan el camino
Hoy siento estrellas en mis puntas de cobre
Hoy camino de frente 
los lirios se abren a mi paso

viernes, 20 de julio de 2012

impronta



Amanece con la bruma del fiel dador
Agradecida acepto sus dotes
Impronta refrescante hasta el encanto
El jazmín sube a mi ventana
se enreda en mis cabellos
baja por toda mi columna
Mis pies se vuelcan a la vida
encendidos por el aire mágico
con el corazón bordado de puntillas


jueves, 19 de julio de 2012

areeta

Te metes con puntería
por el ojo de una aguja
Saltas por el borde de una estrella
Corres por los acantilados remotos
Duermes en las estepas caladas
Sabrás de vida
Sabrás de abismos
setas
calma
locura

martes, 17 de julio de 2012

océano de cuarzos

costa bizkaia, cerca de kobaron



Resbalo en las fuentes de cordeles
Me agarro a los aires sigilosos
que se me escapan entre los cabellos
Fuentes de luz que se deslizan por la nuca
entran, penetran profundo
recorren  autopistas blindadas de piel
se expanden por todos los poros
Dermis acuática que sumerge el instinto
Epidermis térmica que aguanta y resiste
Y sigue avanzando…
hasta el océano de cuarzos
donde nadamos con la corriente a tus pies
Esas plantas duras que movilizan las frecuencias
Las densidades se desploman en circunferencias astrales
Por hoy te salvas del abismo.

pido...

 portu



Solo pido una llave
Una almendra en mi bolsillo
Un tapiz de seda en el pensamiento
Descalza trotaré entre los cantos
Desnuda volaré entre los astros
Solo una señal pido
Para quererte entre mis mantas 

sábado, 14 de julio de 2012

bosque extremo

titina blanco otero


Rocas de arena que se desvanecen
en tus manos de roble
Minúsculos peñascos que se desmoronan
Besos callados de labios cerrados al olvido
Calles desérticas de asfalto quemado
Miro y remiro por el balcón del recuerdo
Y no te encuentro
Se perdió la marca del follaje
Los ojos no alcanzan el verde
Mi barbilla reposa escondida
en el borde oscuro de la nube baja
Mis dedos se alargan para tocar las esquinitas del labio superior
Y quedo en el inferior traspié de la colmena forrada  
algodón color marfil
Solo queda una
Una abeja amarilla con destellos azules
se cuela en la mirada
Da vueltas al azar con su música a cuestas
Por fin se posa en mi mano izquierda
Pincha con suavidad
Su guijón despierta los sentidos dormidos
Suspiro y canto

jueves, 12 de julio de 2012

shiiiiiiii

abierta al universo

Sáhara bendito
      Ser naranja
Paz dorada
Siento amor de desierto
Gran Duna
divisa y protege
Merzouga silenciosa
puerta del caminante
Llegar a ti es un misterio
estar en ti mi alegría
Shiiiiiiiiiiiiiiii... noches sin sueño
días sin fin...
Abierta siempre al Universo
Respirar siempre tú luz

martes, 10 de julio de 2012

sorprende


cetrería



Duendes que se esconden debajo de las alfombras
Miradas cautivas de aquellos lejanos siglos 
Búho festejando al vuelo
Inimaginable paisaje de terciopelo rasgado
Puerto de tu cabello enredado
Nudos sin descifrar a tantas horas de la noche.
Madrugada de grillos, esos que bailan en la hierba  
pisar sin hacer daño, sin palabras, sin colores, sin señales de vida.
Sigue el picor de las hormigas que trasladan su hábitat 
almuerzo suculento entre las patas adornadas de azulejos
brotan en cada minúsculo paso
que se desdibuja en el oceánico mundo en blanco y negro
Y quieres color, prisma gratuito
Aves sutiles esperando su presa
al vuelo infinito de los aires amarrados a las nubes
transportan el vigor de sus acechos
Aparece el cristal blindado del universo
entre la selva repleta de verdes
confunden a los ojos más hábiles
Zas
Implacable agarre certero del águila  
cualquiera de esas atrevidas
audaces aves que circundan tu vida, tus aires, tu vientre encarnado.

sola soleada

desde mi ventana

La soledad imprescindible
Crece contigo
Para hacerte una con ella
Para encontrarte en los mares de emociones
Para aceptarte con todas tus miserias
Con todo el amor que sorprende
en el  pecho, en los poros de tu piel
Necesaria y dolorosa
Soledad indispensable
que te habla, que te escucha,
te traduce, te señala caminos de piedras
de roces, de flores, de mares, de sombras
Soledad amada de tristezas, de dolor
Soledad amada de sonrisas, de alegría, de furor
Fortaleza de los Dioses y las Diosas
Fuerza irrevocable que traspasa las puertas de vivir 
en un cuerpo de sonrisas


viernes, 6 de julio de 2012


...Y solo quiero
cambiar un grano de arena
por un dulce hilo
una hebra de color
para alegrar siempre
esta existencia  gratuita
que tengo

miércoles, 4 de julio de 2012

Guggen


Museo Guggenheim en la ría de Bilbao





Cálidos momentos compartidos
que nos delatan a corazón abierto
abiertos al paisaje de la ciudad
invadida por el sopor
las altas temperaturas
de un ayer platanero
La sonrisa cómoda de abrazarnos de veras




sábado, 30 de junio de 2012

turquesa





Una cueva turquesa, toda turquesa, paredes, suelos y techos preciosos,  y yo alucinaba… Apareció ella, una mujer de cabellos blancos resplandecientes, muy largos muy bien peinados, bella, bellísima, serenísima, proyectando su gran paz, me habló, me arrulló con su voz: “Ese no es, ámalo pero recuerda que ese no es, todavía no, pero vendrá y tienes que creértelo siempre porque te está esperando. “
De pronto aparecí fuera de la cueva turquesa, me encontré en un camino de tierra con muchos recovecos y bifurcaciones, no sabía cuál tomar, no sabía qué hacer, todo era confuso. Entonces escuché un silbido, como esos que haces para llamar a tu perro, y decidí seguir el camino del sonido, del silbido… A menos de 400 metros comencé a escuchar los ladridos de un gran perro, que llegó rápidamente a mí como si me estuviera buscando. Comenzó a saltar contento a mi alrededor,  moviendo su cola con gracia. Los sonidos del silbido seguían… Grité: - ¡Por aquí!  ¡Aquí está su perro!- .  Y apareció él, un hombre muy alto, muy fuerte, con unos ojos azules como el cielo cuando el sol nos alumbra con suavidad mañanera… unos ojos turquesa… Así fue mi estancia en el Gran Cañón: 
Muy grande, muy fuerte. El turquesa inundaba mi vida, mi corazón y todo mi ser.

miércoles, 27 de junio de 2012

gracias

mar cantábrico

Paz bendita que llena con cantos de soles
Violín angélico que penetra mi piel 
Mente en calma como la mar
Azul intenso del ser
Amor en arcoiris 
Brilla latente
Proyecta luz del sol bendito  
Muestra tu fuerza y poder 
Este día primero de verano en mi pueblo, en mi Villa, en la mar
Arenas volátiles
Pudor de las miradas de amor que me conmueven
Gracias hombre!

sábado, 23 de junio de 2012

Cantos





Canto al aroma del café recién colado en la mañanita 
Canto al olor de la canela cociendo en el arroz con leche
Al jazmín cerca del mar
Al nardo en la ventana
Canto al pasticho que se escapa con olores en el horno encendido
derritiendo los cuatro quesos …
Canto y canto y seguiré cantando a todo lo que cruza mi existencia
Canto a los hermanos que son miles de millones
Sonrisas regaladas en el tiempo
Porque los amo a todos sin excepción 
No me importa si me aceptan, si me miran, si me engañan
Solo quiero seguir sintiendo el amor en todos mis átomos
En los ojos que me miran
En las sonrisas que atesoro 
Seres que me tocaron que me tocan y seguirán tocando
vibrando conmigo.
Canto a  Whitman, a Shakespeare, a García Lorca
a Machado 
a la Calcaño 
a Gabriel
García Márquez
Benedetti
Neruda
Canto y canto a millones 
Canto y danzo entre poemas y sonrisas 
Hasta el nuevo amanecer en la otra orilla.

miércoles, 20 de junio de 2012

veranito

Solsticio de verano en Muskiz

Tengo que amansar mis impulsos
Esos que no me llevan a ninguna parte interesante
Ego latente
que ciega, ahoga, embrutece los sentidos
oscurece el alma
agobia el alma…
Entonces
lo dejo volar
salir
tomar aire…
perderse entre la maleza de las selvas
mezclarse con las fieras
las salamandras
las pirañas de río
los ogros del bosque
el fuego transmutador
para saciar, calmar su sed 
escándalos
agobios
arrecheras
vulgaridad
…Luego
regresa mansito
a mi cuerpo de aromas
donde lo espero con gracia soberana
almizcle debajo de la piel.

martes, 19 de junio de 2012

El cuento de Sahamir el cojo

Desierto Erg Chebbi

Nació en la nada
En el desierto del Sáhara en una haima perdida en la inmensidad de la arena.
Hijo de nómadas tuaregs, criadores de cabras en el Sáhara occidental, al sur de Marruecos, pastores anónimos nacidos en las hirvientes arenas.
Su madre Zahora siempre lo tuvo en sus brazos, amarrado a ella desde que nació.  Una de sus dos  piernitas era mucho más corta que la otra, esto lo hacía diferente a sus otros hijos, a todos los niños de la pequeña aldea, en el lejano desierto Erg Chebbi.
Un día cuando el niño Sahamir ya correteaba como ninguno por las dunas, bajaba y subía con destreza y agilidad inimaginable para los demás, su madre Zahora se lo llevo en brazos al mercado de Rissani, ciudad a unos 40 kms del desierto. La madre lo sentó en un pequeño montículo de tierra, mientras ella seleccionaba cuidadosamente los granos y especias que iba a comprar. No pasaron ni cuatro minutos cuando Zahora se percató que su hijo Sahamir no estaba donde ella lo dejó sentado. Como loca buscó y gritó su nombre por todo el mercado, abarrotado de gentes, cajas, mercancías, animales, sudores, olores y mitos. Abatida lloraba en todas las esquinas, preguntando y gritando. Llegó desfallecida a su desierto, con las manos vacías, con su pecho vacio… Nadie creía la historia, todos comentaban esa noche reunidos como siempre alrededor del fuego tomando té,  que Zahora había regalado al “cojo”. Así lo habían bautizado entre ellos.

amanecer en la gran Duna


El niño Sahamir fue robado por una mujer mayor que no tenía hijos. Criado en buenas escuelas en la ciudad de Fez, aprendió muchos idiomas, estudió en la Universidad de Meknes y siempre fue el primero de su clase, a pesar de que siempre para todos fue: “el Cojo del desierto”.
Sahamir pasaba días enteros, encerrado en su habitación con sus libros o marchaba  a las afueras de la ciudad, buscando la calma, siempre en silencio, sin pronunciar palabra. Ahora en la Universidad y en el barrio lo llamaban “el Cojo loco”.
 Sucedió que su madre, la mujer que lo robó, ya era muy anciana y enferma. Él la cuidaba día y noche con mucho cariño y dedicación,  hasta que su Dios le dio descanso. Luego de la fiesta de los muertos, Sahamir vendió la casa y se fue a sus orígenes, a las arenas del Sáhara. Se adentró muy lejos de toda civilización, clavó cinco estacas en las arenas, las cubrió con piel de camello  y se quedó en su haima en silencio muchos meses, solo con su camello Say, sus pocas pertenencias y la infinitud de las arenas.


Cuentan, que todos los días Sahamir caminaba muchos kilómetros por el desierto. Recogía fósiles, piedras y todo lo que se iba encontrando en las arenas. Así poco a poco fue juntando y construyendo su casa. Una construcción muy extraña y llamativa en medio de la nada. Todos los beduinos que por allí pasaban eran bien recibidos, les brindaba té y alimentaba a sus camellos, les permitía dormir y descansar sin nada a cambio. Así se fue forjando la leyenda del “Cojo de las arenas”.
Sahamir siguió construyendo su palacio-mezquita todos los días, todas las noches, no paraba, siempre aparecían piedras y fósiles en su entorno, siempre aparecían hombres bereberes que lo veían como “el Cojo de Alá”, pues para todos tenía una sonrisa, un pocillo de agua, un té caliente, cobijo en su hogar de piedra y arena.


camino al oasis



Un día apareció un hombre llamado Hassan, le dijo que era su padre. Le contó que su madre había muerto llorando todos los días desde su desaparición. Le contó que sus hermanos eran muy pobres. Le dijo que esa gran construcción podía ser un Hotel para los turistas que visitaban el desierto. Según él, tenía muchos amigos extranjeros que podían visitarlos y pagar por estar allí, pasearlos a camello por las dunas y enseñarles los misterios de Sáhara.
Sahamir solo asentó con su cabeza y de la noche a la mañana, el Hotel del Cojo fue el más famoso del desierto del Sáhara occidental. Toda la familia se instaló y comenzaron hacer negocios con las caravanas de turistas que visitaban la zona. Los hermanos y su padre atendían a los turistas y autóctonos que llegaban de todas partes. Unos limpiaban, otros cocinaban, paseaban en los camellos a los turistas para ver el amanecer y el atardecer mágico del desierto.
Sahamir atendía a los enfermos de artritis cuando llegaban los meses de insoportable calor, después del Ramadán. Los curaba con las terapias de las arenas. Estas consistían en enterrar al enfermo de los huesos, por cinco minutos en las arenas calientes, las temperaturas elevadas eran muy peligrosas  pero  muy sanadoras para las dolencias de los huesos. Después los desenterraba, les daba un baño fresco, los envolvía en mantas y les ofrecía  té. Así se fue haciendo inmensamente reconocido y rico, pues la fama del Cojo de las arenas sanadoras, se extendió por todo el continente, por todo el universo. Llegaban turistas, enfermos y curiosos de todas las latitudes, a esa estancia maravillosa creada en el desierto por El Cojo de las arenas.

Gran Duna Erg Chebbi




Ya Sahamir tenía 30 años, no se le conocía mujer,  solo cuidaba a los enfermos, caminaba por las dunas, siempre en silencio, trabajando en su grandiosa construcción. Entonces entre su gente comenzaron a llamarlo “el cojo mariquita”, se reían a sus espaldas y gastaban su dinero en los pueblos cercanos, en fiestas, bebidas, drogas y mujeres.
Un buen día llegó al Hotel una mujer sola, muy guapa y segura de sí misma. Dijo ser latina y quería un guía para adentrarse en los misterios del desierto. Todos los hombres se pusieron a su disposición para hacerle el recorrido, pero ella solo posó sus ojos en el callado Sahamir, se acerco a él y le sonrió, él hizo lo mismo y desde ese momento se volvieron inseparables. Danzaban por las dunas, se iban con sus camellos a recorrer los oasis. Ella tomaba fotos, él la observaba. Pasaban horas conversando sobre la vida y la muerte, filosofando, leyendo cuentos, haciendo el amor, empapando  su sexo de arena. Luego regresaban felices, siempre riendo.
Entonces por primera vez, los parientes comenzaron a llamarlo Sahamir el cojo.
Ahora Sahamir conversaba con los suyos, daba algunas órdenes para realizar el trabajo con más rendimiento y economía. Todos culpaban a la mujer guapa, de haberle metido cosas raras en la cabeza. Para ellos era mejor cuando estaba callado trabajando, les dejaba holgazanear y gastar su dinero.
Una tarde estaban Sahamir y su mujer contemplando el atardecer desde lo alto de la gran duna, en silencio, como solían hacer. La mujer le hablo y le dijo: “Sahamir ha llegado el momento de irme, quiero que vengas conmigo, todo lo que has leído, todo lo que estudiaste ahora lo vas a conocer,  nuevas culturas, nuevos paisajes, vas a saborear todo con tus sentidos. Vámonos por los caminos del mundo, seremos muy felices Sahamir, nos amamos y siempre cuidaremos el uno del otro.”
Sahamir bajó la mirada y quedo en silencio
Ella respetó su silencio y bajaron de la duna muy de noche, agarrados de la mano.
Al día siguiente, ella le volvió a insinuar su partida, el guardo silencio de nuevo y se fue solo a caminar por las arenas. Regresó entrada la noche, ella lo estaba esperando afuera de la haima, donde siempre hacían el amor viendo las estrellas, contando las fugaces y los astros.
Sahamir le hablo con lágrimas en los ojos y le dijo que ella era el amor, su única mujer, pero él tenía que cuidar de los suyos, tenía que seguir construyendo su Fortaleza. Ella también lloró y entre sonrisas y llanto le dijo:”Es una pena que no te des cuenta de esta oportunidad que te brinda el Universo, te deseo lo mejor a ti y los que te acompañan. Me voy mañana antes del amanecer”
Sahamir quedo en silencio otra vez. Los parientes hacían lo que les daba la gana, no atendían el hotel. Todo se fue deteriorando… Las paredes estaban sucias, los turistas se quejaban, los camellos envejecían, los baños se atascaban y Sahamir se fue alejando, pensando que algún día su mujer volvería, pero no sucedía y pasaba el tiempo. Todo se destruía a su alrededor.
Un día Sahamir se fue caminando como siempre lo hacía por las arenas y no regresó. Sus parientes pensaron que había desaparecido. 
Unos jóvenes que cruzaban el desierto en motos, al llegar al ruinoso Hotel del Cojo  y escuchar las historias, alertaron que había un viejo seco no muy lejos de allí, que lo tocaron y estaba seco como un palo. Los parientes al día siguiente, después que los jóvenes emprendieron camino, fueron en su búsqueda y encontraron un tronco seco que estaba clavado en la arena, cerca de la gran duna. El tronco tenía dos ramas, una pequeña y otra tan grande que se perdía entre las nubes.
No encontraron nunca a Sahamir, pero cuentan, que el Cojo del desierto se transformó en tronco. La rama pequeña era su pierna corta y la rama que subía hasta el firmamento era su pierna larga que andaba buscando por el séptimo cielo a la mujer guapa que se lo quiso llevar a recorrer otros mundos y él no se atrevió a dejar lo que había construido.

Sáhara - Merzouga



sábado, 16 de junio de 2012

natu Delika

 euskal baserria

Naturaleza que aquieta, adormece tu monstruo,  fortalece la sangre, despierta la ternura, la sonrisa de tu piel. Placer en las mínimas sensaciones, en todo lo minúsculo de la vida… Eso que florece sin darte cuenta, se transforma en una gran tronco de resistencia, paciencia y poder.